Marchábamos de vacaciones y lo hacíamos con la vista puesta en Estados Unidos y sus aranceles. Y volvemos a la rutina de septiembre con el mismo tema. La imagen de la presidenta de la Comisión, siendo recibida por el presidente de los EE.UU. en uno de sus campos de golf en Escocia no parecía la mejor escenografía para anunciar el acuerdo. Y a mediados de agosto se conoció la letra pequeña: tasa del 15% general a las exportaciones europeas, del 50% al acero y aluminio, compromiso de inversión de las empresas europeas de 500.000 millones de dólares en EE.UU., compras por 750.000 millones de dólares en gas natural estadounidense en tres años y
Recientemente, el Gobierno ha propuesto modificar los criterios que obligan a auditar cuentas, elevando los límites y dejando fuera de esta exigencia a un gran número de empresas. Aunque a primera vista esta iniciativa parezca un alivio —menos trámites, menos costes— detrás de esa visión cortoplacista hay un riesgo que no deberíamos ignorar: confundir la auditoría con una carga burocrática. Porque no lo es.La transparencia que ofrece una auditoría rigurosa permite tomar mejores decisiones y anticiparse a los riesgos. Protege frente a errores, fraudes o malas prácticas, y facilita el acceso a financiación o licitaciones. Pero, sobre todo, gene
