Un tren no empieza a circular cuando parte de una estación. Empieza mucho antes: en la ingeniería que lo diseña, en la industria que integra y fabrica sus componentes, en los sistemas que lo controlan, en la energía que lo alimenta y en quienes lo mantienen durante décadas. Lo mismo ocurre con la infraestructura sobre la que circula: vías, electrificación, señalización, comunicaciones y centros de control forman parte de un sistema industrial complejo, crítico y conectado. Durante años, Europa analizó el ferrocarril desde la movilidad y la sostenibilidad. Hoy debe hacerlo también desde la industria, la tecnología y la autonomía estratégica.
La reciente Asamblea General de ASLE ha sido un espejo nítido para compartir nuestra realidad y, sobre todo, para proyectar nuestro futuro. Las sociedades laborales y las empresas participadas no representamos una mera anécdota en el tejido vasco; somos una fuerza económica estructural profundamente anclada al territorio. Los datos respaldan esta afirmación: mientras el tamaño medio de las empresas vascas ronda las seis personas trabajadoras, nuestras organizaciones asociadas alcanzan una media de 20. Esta notable dimensión supera con creces los marcos de referencia español y europeo, algo que se complementa con una aportación media al capita

