En unas cuantas ocasiones hemos reflexionado en este espacio de lo adecuado que es atender a lo apremiante, pero sin desviar la atención de lo estratégico. Durante los años más duros de la crisis, ese equilibrio inestable se escoró más hacia lo urgente, a paliar sus consecuencias. Pero en Euskadi nunca hemos abandonado lo importante: avanzar hacia el objetivo de ser una sociedad que basa su crecimiento económico en el conocimiento, porque éste va a ser el que nos permita, en el futuro, seguir haciendo ‘estado del bienestar’ y ayudar a que nadie se quede atrás. Por ello, este camino no se debe truncar. Es más, se debe profundizar en el mismo
En estos últimos años se han combinado diversos factores que han hecho necesaria la revisión de la Estrategia Energética de Euskadi 2020. Por una parte, la crisis económica se ha alargado en el tiempo y el conjunto de reformas que ha sufrido el sector energético en general, y el eléctrico en particular, ha alterado el tablero de juego de manera muy determinante. Estas reformas han conllevado, entre otros aspectos, recortes de las retribuciones de las actividades reguladas, el incremento de los costes de las tarifas de acceso para los consumidores, con una incidencia relevante en la cogeneración y las energías renovables, con la paralizació

