La reciente presentación de los resultados de la Encuesta de Coyuntura Económica de Gipuzkoa nos sitúa frente a una realidad compleja que exige una lectura profunda y sin autocomplacencia. A primera vista, los datos agregados podrían invitarnos al optimismo: el 83% de las empresas del territorio percibe una situación de normalidad o reactivación, y la facturación media ha crecido un 3% impulsada por los mercados exteriores. Sin embargo, bajo esta superficie de resiliencia, se esconde una dualidad preocupante que amenaza el núcleo mismo de nuestro bienestar: la industria. Gipuzkoa avanza, pero su motor principal flaquea. La fotografía general
La celebración de la BIEMH 2026 ha vuelto a poner de manifiesto el gran peso de la industria en la economía vasca. Como bien definieron sus organizadores al cierre de la edición, el certamen ha vuelto a mostrar la fortaleza de un sector decisivo para la competitividad industrial: dinámico, innovador y tecnológicamente avanzado. Y no es para menos, ya que, después de 65 años desde la primera Bienal de Máquina-Herramienta, la cita sigue siendo el gran escaparate del talento y la capacidad de nuestras empresas, y un elemento clave para reforzar el papel de la industria en el progreso de la sociedad. Pero no es todo oro lo que reluce. Ya que el

