El contexto económico cambió de forma permanente en 2020. No se trata sólo de los efectos directos de la pandemia, sino que también se aceleraron cambios muy profundos que ya estaban en marcha y que, en otro entorno, se hubieran producido de manera más lenta. Entre otras cuestiones, por ejemplo, el entorno laboral es ahora más incierto, la confianza de las familias es más reducida o la estructura productiva se ha vuelto más ágil, con aquellas empresas que no se mantienen lo bastante dinámicas cayendo en fuera de juego. En conjunto, se puede decir que la fragilidad de los ingresos individuales y familiares ha aumentado. Eso ha llevado a camb
El futuro está cargado de esperanza. A pesar de las coyunturas que lastraron a la industria de la construcción durante la crisis financiera, la recuperación ha sido creciente y constante. Tanto es así, que incluso con la paralización que se produjo durante el confinamiento, podemos afirmar que los próximos años atisban grandes oportunidades porque estarán centrados en el aumento de la demanda que se generará por el desarrollo y modernización de infraestructuras y ciudades, tanto a nivel nacional como internacional. Pero hay otros pilares en los que se asientan expectativas prometedoras ya que, amparados por los cambios legislativos, se abre
