Cuando oímos hablar de innovación disruptiva la vemos asociada a cambios radicales, enfoques revolucionarios o desarrollos tecnológicos, y vinculada con casos icónicos como Uber, Spotify o Netflix. Y si la innovación, y su buscado carácter transformador, cuenta con una alta aceptación, la innovación disruptiva se ve como el “no va más”. Sin embargo, el documento de referencia sobre innovación, el Manual de Oslo (OCDE, EUROSTAT 2018), se inclina por clasificar la innovación en dos tipos, en función de si se centra en los productos/servicios o en los procesos de la organización, y destaca la dificultad de identificar y medir la innovación disru
Hablar de innovación disruptiva normalmente nos hace pensar en las grandes compañías tecnológicas internacionales, Amazon, Whatsapp, Netflix, etc., que aparecieron no hace muchos años, y hoy son lideres y referentes a nivel mundial de sus sectores de actividad, habiendo hecho desaparecer a marcas conocidas y reconocidas durante muchos años, o en su caso, hacer adaptarse a las innovaciones lanzadas por ellos a las empresas que eran líderes en el mercado siguiendo su nueva forma de ofrecer productos o servicios.En este escenario, creo que hay que recordar que no todas las innovaciones disruptivas tienen que ser tecnológicas, aunque la mayoría d

