El Clúster del Papel fija las claves de su futuro en la digitalización y la descarbonización

Euskadi dispone de un sector del papel con numerosos eslabones de la cadena. Foto: Archivo

El Clúster del Papel de Euskadi, cuyas empresas mejoraron su facturación en 2024 (+5,3%) para alcanzar los 1.637 millones de euros, ha elaborado un nuevo Plan Estratégico 2026-2030 que dibuja su horizonte con cinco retos clave y tres palancas que busca ser una herramienta para responder a los desafíos sectoriales y globales a los que se enfrenta el sector. Su gerente, Iñaki Ugarte, ha asegurado que la hoja de ruta persigue impulsar vectores como “incidir en la parte ambiental, en la bioeconomía sostenible y descarbonizada, además de la digitalización, de la fabricación avanzada y, por último, un reto más interno como es la dinamización del colectivo”, que está compuesto por 48 socios, “que debemos visibilizar”. 
El punto de partida es favorable para un sector que en Euskadi alberga una cadena de valor integrada, con presencia en todos los eslabones -forestal, manipulación y transformación de papel y cartón, fabricantes de bienes de equipo, ingenierías...-. Concentrado en Gipuzkoa y Bizkaia, la CAV ha reforzado su posición desde una lógica de productividad y consolidación industrial: pese a reducir un 54% sus fábricas desde 2001, ha mantenido la producción, ha duplicado la productividad media por planta y ha triplicado la facturación por empresa desde 2003. 

El Plan Estratégico 2026-2030 insta a fortalecer la actividad con la tecnología como palanca competitiva, dar impulso a nuevos productos circulares o reforzar las capacidades

Este desempeño se apoya en un crecimiento sostenido de las exportaciones y en una inversión acumulada cercana a los 1.000 millones de euros, consolidando un ecosistema industrial competitivo —que integra bienes de equipo, ingenierías y tecnologías auxiliares de alcance global—.
El Plan Estratégico 2026-2030, elaborado en colaboración con Nexio Consulting, apunta a los retos a abordar, entre los que se incluyen una transición bajo fuertes tensiones estructurales -avance hacia la sostenibilidad en un contexto de sobrecarga regulatoria, alto coste energético y tensión en materias primas-; hacer frente al déficit de relevo generacional y atraer talento; o la necesidad de profundizar en la renovación del relato sectorial papelero -haciendo hincapié en sostenibilidad, innovación e impacto positivo, y así generar visibilidad como actor de la transición ecológica-. Además, apuntan a la creciente presión internacional -competencia desde Asia-Pacífico, Portugal o Turquía-, una situación que refuerza la necesidad de competir “por valor añadido, no por precio”, asegura Ugarte.
Para contrarrestar estas piedras en el camino, el documento insta a reforzar el sector mediante diferentes claves. Es el caso de las mejoras en la tecnología e innovación como palanca competitiva -con la adopción de tecnologías avanzadas (IA, mantenimiento predictivo, eficiencia energética), que serán clave para optimizar procesos y mejorar competitividad-, el impulso a nuevos productos circulares, optimizar el acceso sostenible a materias primas y energía, que será crítico, con impactos directos del cambio climático o la adaptación a una normativa cada vez más amplia y exigente, sin comprometer la competitividad. Por último, apuntan a posicionar al papel como alternativa sostenible o a que la estructura productiva y exportadora de Euskadi y la colaboración empresa-centro refuercen la capacidad del sector para evolucionar en un entorno complejo.

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