La innovación es un redescubrir permanente, está asociada a los conceptos de cambio y mejora y referido tanto a bienes como a procesos, mercados, organizaciones, etc., aportando siempre competitividad. En definitiva, el cambio y la innovación se retroalimentan mutuamente: la innovación genera cambio, pero también el cambio provoca innovación, en la medida en que genera nuevas oportunidades de negocio. Todos hemos visto cerrar empresas porque no fueron capaces de coger a tiempo el tren de la innovación. En el terreno empresarial (y cada vez pienso más que también en el resto de los espacios de la vida de las personas) hemos de adaptarnos a l
La globalización y la digitalización de la economía han incrementado de forma notable el número de competidores en los diferentes mercados, y consecuentemente las necesidades de mejora competitiva de las empresas. Seguir siendo competitivos, condición necesaria para seguir generando riqueza, requiere innovar, e innovar más y mejor que ese número creciente de competidores. Responder a lo que el cliente espera en el menor plazo posible y al menor coste, exige innovar, tanto en procesos como en productos, incorporando tanto innovaciones tecnológicas como no tecnológicas, mediante inversiones materiales, en I+D, o mediante mejoras en la gestión

