La pandemia nos ha obligado a reinventarnos en muchos ámbitos y cada vez somos más conscientes de que pequeños cambios en la manera en la que enfocamos nuestras ideas y esfuerzos, pueden suponer grandes diferencias en lo que hacemos y cómo lo hacemos. E incluso pueden dar lugar a nuevas y enriquecedoras oportunidades. Y eso nos incluye, claro está, a quienes diseñamos y aplicamos políticas para la promoción económica. En el actual entorno competitivo, cambiante y con grandes disrupciones, que el reto está en impulsar la transformación de las empresas garantizando su supervivencia a largo plazo. Actualmente, esta transformación pasa por la d
La irrupción del Covid-19 nos sitúa en una encrucijada difícil de manejar. Por un lado, afloran a corto plazo necesidades sociales, sanitarias y económicas, producto del impacto que está provocando la pandemia en los sistemas de salud, y de la pérdida de empleos y empresas producto de las restricciones y de la contracción de la demanda. Todo ello, con el consabido incremento en el gasto público. Por otro, tanto los expertos como las instituciones internacionales no cesan de advertir que la crisis actual acelera grandes transiciones ya en curso como la digital, la verde o la ligada a los cuidados, por lo que debe ser un estímulo para la inno
