“Innovar para competir: la alimentación como ventaja estratégica de Euskadi”
Carolina Najar, directora de Mercado Alimentación de Azti
- Carolina Najar
- 19-Mayo-2026
Carolina Najar, directora de Mercado Alimentación de Azti.
Hablar hoy de alimentación y de gastronomía en Euskadi es hablar de competitividad. No solo de un sector con peso económico y arraigo territorial, sino de un sistema que puede —si se toman las decisiones adecuadas— generar diferenciación, valor y proyección internacional. En un mercado global cada vez más exigente, la innovación en la cadena alimentaria ya no es un complemento: es una condición para competir.
Durante años, el sector alimentario vasco ha sabido innovar en eficiencia, calidad y seguridad. Pero el contexto ha cambiado. La presión climática, la evolución de los hábitos de consumo, la volatilidad de los mercados y la aceleración tecnológica nos obligan a dar un paso más: convertir la innovación científica y tecnológica en una ventaja competitiva visible, reconocible en el mercado y valorada por el consumidor. Desde mi experiencia trabajando con empresas, el principal problema no es la falta de proyectos de I+D, sino la dificultad para que la innovación llegue al mercado y se traduzca en decisiones estratégicas. Innovar mejor significa innovar con foco, con propósito y con impacto empresarial. En este sentido, el Plan Estratégico de Gastronomía y Alimentación de Euskadi 2030 (PEGA 2030) acierta al entender la alimentación como un sistema donde empresa, ciencia, tecnología, territorio y gastronomía deben avanzar de forma coordinada. Hoy no basta con producir bien: competir implica ofrecer soluciones con sentido, alineadas con sostenibilidad, salud y expectativas sociales, sin perder de vista la rentabilidad.
La marca Euskadi es un activo potente, pero solo funciona cuando está respaldada por hechos. La calidad, el origen o la cultura gastronómica ya no bastan por sí solos. Los mercados valoran cada vez más aquello que está validado, que demuestra menor impacto ambiental, beneficios para la salud o un uso responsable de los recursos. Aquí la ciencia aplicada juega un papel clave. Aporta credibilidad, reduce riesgos y permite a las empresas diferenciarse con argumentos sólidos. Cuando innovación, tecnología y marca territorio avanzan juntas, la alimentación vasca compite mejor, no solo en precio, sino en valor. Y no hablamos de una apuesta teórica. Euskadi cuenta hoy con un ecosistema de conocimiento aplicado de primer nivel: la Basque Research and Technology Alliance (BRTA) agrupa a 17 centros tecnológicos y de investigación, que trabajan de forma directa con más de 2.400 empresas, movilizando cientos de millones de euros en I+D, una parte muy significativa procedente de inversión privada y de contratos empresariales. Este sistema no solo genera ciencia; genera competitividad, reduce riesgos y acompaña a las empresas vascas en su salida al mercado con mayor solidez y credibilidad.
Desde Azti trabajamos precisamente en esa conexión entre ciencia y empresa. Lo vemos, por ejemplo, en el desarrollo de nuevos alimentos e ingredientes, donde acompañar a las empresas desde fases tempranas permite reducir el riesgo de lanzamiento, acortar tiempos de llegada al mercado y reforzar su posicionamiento competitivo. Lo vemos también en la sostenibilidad y la ecoeficiencia de la cadena alimentaria. Reducir desperdicio o revalorizar subproductos no es solo una respuesta a la regulación: es una palanca directa de competitividad. Transformar lo que antes era un residuo en un recurso de mayor valor permite mejorar costes, abrir nuevas líneas de negocio y reforzar la reputación de las empresas.
Euskadi cuenta además con un activo diferencial claro: su economía azul, estrechamente vinculada a la alimentación. Desde la mejora de la calidad y conservación del pescado hasta el mejor aprovechamiento de los recursos marinos o la incorporación de soluciones digitales en la pesca, estas líneas de trabajo permiten incrementar el valor del producto final, mejorar la eficiencia y avanzar en sostenibilidad. Bien trabajada, la economía azul conecta de forma natural con la marca Euskadi: mar, territorio, conocimiento y responsabilidad. Y ofrece a nuestras empresas una vía de diferenciación basada en conocimiento.
La competitividad no se improvisa. Se construye con visión, colaboración y decisiones sostenidas en el tiempo. El PCTI Euskadi 2030 y el PEGA 2030 ofrecen un marco sólido, pero su verdadero valor dependerá de nuestra capacidad para convertirlos en acción empresarial real.
La innovación alimentaria debe ser empresarial, aplicada y orientada al mercado. Debe servir para que nuestras empresas crezcan, se internacionalicen y refuercen su identidad sin perder aquello que nos hace diferentes. Porque, en un mundo cada vez más homogéneo, diferenciarse es una cuestión de estrategia. Y hoy, esa estrategia pasa, sin duda, por innovar con foco: con la rentabilidad económica, ambiental y social como motor.

