“Desde un país pequeño se puede hacer ciencia del máximo nivel”
Pedro Miguel Etxenike, presidente del Donostia International Physics Center (DIPC)
- Víctor Gardeazabal
- 16-Enero-2026
Pedro Miguel Etxenike, presidente del Donostia International Physics Center (DIPC). Foto: DIPC
El Donostia International Physics Center (DIPC), centro de investigación de vanguardia en física y disciplinas afines, ha alcanzado en sus 25 años de trayectoria altos niveles de excelencia y ha situado a Euskadi, en general, y a Donostia-San Sebastián, en particular, en el mapa mundial de la ciencia. Al frente del mismo se encuentra Pedro Miguel Etxenike, catedrático emérito de Física de la Materia Condensada de la EHU y exconsejero del Gobierno vasco, quien se muestra muy satisfecho de los logros del centro, convertido en referencia internacional. En su opinión, su éxito “se concreta en haber demostrado que desde un país pequeño se puede hacer ciencia del máximo nivel si se apuesta de forma sostenida por la calidad, la educación y el talento”.
El DIPC ha cumplido 25 años, ¿qué balance hace del camino recorrido hasta hoy?
El balance es extraordinariamente positivo, mucho más de lo que yo mismo imaginé cuando empezamos. Suelo decir que ha superado no solo mis expectativas, sino mis sueños más ambiciosos. Empezó como un proyecto impulsado con mucho entusiasmo y una buena dosis de fe en el futuro; cuando les contaba la idea a mis colaboradores, muchos creían que era imposible. Hoy, el DIPC es un centro de referencia internacional. No solo hemos alcanzado niveles de excelencia científica muy altos, sino que hemos conseguido algo que para mí es igualmente importante: situar a Donostia en el mapa mundial de la ciencia. Ver cómo miles de trabajos científicos de primer nivel llevan el nombre de Donostia, cómo miles de investigadores de todo el mundo han pasado por aquí y cómo se ha generado un ecosistema científico sólido es una enorme satisfacción.
¿Han alcanzado los objetivos que se plantearon?
Diría que no solo los hemos cumplido, sino que los hemos superado. El DIPC no nació como un diseño cerrado; el objetivo era crear una institución alejada de burocracias; austera, sencilla y ágil en su funcionamiento; que sirviera para catalizar e internacionalizar la ciencia y la investigación en su entorno más inmediato, fomentando para ello la libertad, la creatividad y la excelencia. En definitiva, un entorno donde el talento pudiera florecer con libertad. Por ello, hemos apostado siempre por las personas, más que por los proyectos; combinando internacionalización, a través de un sólido programa de visitantes de todo el mundo, y cuidando a su vez al talento local. Esa filosofía de atraer, retener y formar ha sido la clave para cumplir y, en muchos casos, superar los objetivos que nos planteamos hace 25 años.
El lehendakari ha elogiado al DIPC como “una pieza clave en términos de contribución nacional vasca a la ciencia global”, ¿en qué se concreta esa aportación, en su opinión?
Se concreta en haber demostrado que desde un país pequeño se puede hacer ciencia del máximo nivel si se apuesta de forma sostenida por la calidad, la educación y el talento. El DIPC ha actuado como catalizador de un ecosistema científico mucho más amplio, en estrecha colaboración con la universidad, otros centros de investigación, las instituciones públicas y el sector privado. Esa suma, junto con la apuesta estratégica del primer Gobierno vasco de invertir en ciencia, una política de apoyo continuada por todos los gobiernos de diversos colores y también por todas las instituciones vascas, es la que ha permitido que Euskadi sea hoy reconocida como un territorio comprometido con la ciencia.
“El nuevo edificio nos permitirá agrupar actividades que hasta ahora estaban dispersas, atraer aún más talento internacional y, sobre todo, reforzar la investigación experimental”
Es un firme defensor de “democratizar la ciencia”, ¿por qué?
Porque la ciencia no solo produce conocimiento, sino también valores: pensamiento crítico, racionalidad, respeto por los hechos y capacidad de cuestionarse. Una sociedad científicamente informada está más preparada para tomar decisiones responsables sobre su futuro, es menos manipulable y, por lo tanto, más libre. Queremos que la gente pueda disfrutar de la ciencia, entender sus ideas fundamentales y valorar su importancia, sin necesidad de ser especialista. Democratizar la ciencia significa compartir estos valores y fomentar una ciudadanía consciente y vigilante.
Inteligencia artificial, computación cuántica,… ¿Están bajo control?
Son tecnologías extraordinariamente poderosas y todavía en una fase relativamente temprana de desarrollo. La computación cuántica, por ejemplo, nos permitirá abordar problemas que hoy son sencillamente imposibles, aunque aún es difícil prever todo su impacto. La inteligencia artificial plantea enormes oportunidades, pero también legítimas preocupaciones sobre sus consecuencias que yo también comparto. No creo que la respuesta sea el miedo, sino la responsabilidad. Los científicos debemos contribuir a su desarrollo y a su regulación, pero también es imprescindible la participación de las otras ramas de las humanidades, de las instituciones y de la sociedad en su conjunto. El control no puede ser solo técnico: debe ser ético, social y democrático.
Esperan dar un salto de calidad con el nuevo edificio, ¿cuándo prevén inaugurarlo y qué mejoras aportará?
El nuevo edificio se inaugurará en la primavera de 2026 y supondrá un salto cualitativo muy importante. Nos permitirá agrupar actividades que hasta ahora estaban dispersas, atraer aún más talento internacional y, sobre todo, reforzar la investigación experimental que complementa de manera natural nuestra fortaleza teórica. Contaremos con nuevos laboratorios en áreas como las tecnologías cuánticas, física de neutrinos, química, polímeros, fotoquímica, nanociencia aplicada a la neurociencia y estudios sobre el origen de la vida. La expansión permitirá acercar la investigación al mercado y facilitar el desarrollo de tecnologías y procesos aplicables a la industria. Esperamos que estas capacidades puedan dar lugar a iniciativas empresariales y refuercen la posición de Donostia-San Sebastián como centro de referencia científica y tecnológica.
Por una sociedad informada en ciencia
Entre otros muchos reconocimientos a su labor investigadora, Pedro Miguel Etxenike recibió el Premio Euskadi de Investigación en 1996, el Premio Max Planck de Física en 1998 y, ese mismo año, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por sus descubrimientos en la predicción teórica de estados electrónicos imagen en la superficie de sólidos. Ha realizado importantes aportaciones en el campo de las interacciones ion-materia y de las pérdidas de energía de electrones en microscopía electrónica y de efecto túnel. Actualmente, es catedrático emérito de la EHU y presidente del DIPC, entidad científica de la que se siente especialmente orgulloso. Además de su labor investigadora, con más de 400 artículos publicados en revistas especializadas y más de 200 charlas invitadas en conferencias internacionales y prestigiosas universidades e instituciones de todo el mundo, en los últimos años ha dedicado un gran esfuerzo a promocionar la ciencia como actividad económica y cultural, y a defender una sociedad científicamente informada, lo que la hace, en su opinión, “menos manipulable y, por lo tanto, más libre”.

 (1).gif)