“Defender la industria es defender nuestro futuro”

José Miguel Ayerza, director general de Adegi

José Miguel Ayerza, director general de Adegi.

La reciente presentación de los resultados de la Encuesta de Coyuntura Económica de Gipuzkoa nos sitúa frente a una realidad compleja que exige una lectura profunda y sin autocomplacencia. A primera vista, los datos agregados podrían invitarnos al optimismo: el 83% de las empresas del territorio percibe una situación de normalidad o reactivación, y la facturación media ha crecido un 3% impulsada por los mercados exteriores. Sin embargo, bajo esta superficie de resiliencia, se esconde una dualidad preocupante que amenaza el núcleo mismo de nuestro bienestar: la industria.

Gipuzkoa avanza, pero su motor principal flaquea. La fotografía general de crecimiento no debe ocultar la fragilidad de un escenario donde el 25,5% de las empresas industriales ya declaran que sus mercados están en recesión. En el subsector de maquinaria y equipos, estratégico para Gipuzkoa, esta percepción alcanza a casi la mitad de las compañías, un 44,5%. Son cifras que deben preocuparnos seriamente. La cartera de pedidos, el termómetro más fiel de la salud económica futura, muestra signos de debilidad no vistos desde principios de 2021, casi la mitad del sector industrial califica sus pedidos como débiles.

En este contexto, el horizonte del empleo para 2026 empieza a mostrar nubarrones. Si bien los servicios y la construcción podrían absorber entre 2.000 y 3.000 nuevos puestos de trabajo, la industria apunta hacia un estancamiento, con un 14% de las empresas anticipando ya la necesidad de reducir sus plantillas. Este dato es crucial: sin una industria fuerte, el empleo de calidad y la cohesión social de Gipuzkoa corren un riesgo sistémico.

¿Qué es lo que está erosionando los cimientos de nuestra competitividad? La encuesta identifica una "tormenta perfecta" de factores externos e internos. Por un lado, los costes laborales quitan el sueño a más de la mitad de los empresarios industriales, afectando de forma directa a la rentabilidad y a la capacidad de competir en un mundo globalizado. A esto se suma un incremento de 14 puntos en la preocupación por la incertidumbre geopolítica en solo un año.

Sin embargo, el factor que emerge con una fuerza disruptiva es la competencia de países de bajo coste, con China a la cabeza. No hablamos de una competencia en igualdad de condiciones; nos enfrentamos a gigantes que operan con economías de escala, apoyos públicos masivos y marcos regulatorios muy alejados de las exigencias europeas. Esta presión está mermando los márgenes y vaciando las carteras de pedidos de nuestras empresas, que ven cómo su soberanía tecnológica se ve amenazada por importaciones subvencionadas.
Nos encontramos en un punto crítico donde la autonomía estratégica industrial se ve amenazada por una desindustrialización acelerada en sectores pilares como la automoción y la ingeniería mecánica. No estamos ante una simple crisis cíclica, sino ante una destrucción estructural de la cadena de valor europea provocada por la falta de requisitos de fabricación local. A estos desafíos externos se añaden lastres estructurales propios que limitan nuestro potencial de crecimiento: un absentismo laboral que afecta al 37% de las empresas y una dificultad persistente para encontrar personal cualificado, señalada por el 35% de las organizaciones. Ante este panorama, tres de cada cuatro empresas están centrando sus esfuerzos en el ahorro de costes y la eficiencia interna, mientras que un tercio apuesta por la digitalización y las nuevas tecnologías para ganar competitividad.

Para preservar nuestro modelo de bienestar, necesitamos políticas valientes que refuercen la competitividad, la productividad y la rentabilidad de nuestra industria. Es urgente garantizar condiciones de competencia equilibradas y proteger los ecosistemas industriales críticos frente a la dependencia geopolítica de terceros países. Como bien sostiene Adegi, defender la industria es defender el futuro de Gipuzkoa. No es solo una cuestión económica; es una cuestión de soberanía, prosperidad y cohesión social para las próximas generaciones.

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