“Momento decisivo para la industria”, según Unesid

Reunión de los miembros de la dirección de Unesid. Foto: Unesid

La Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid) ha advertido de que la industria siderúrgica española afronta un momento decisivo marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas, la guerra comercial, la creciente sobrecapacidad mundial de acero —que ya supera los 640 millones de toneladas— y la pérdida de competitividad industrial en Europa. 
Bernardo Velázquez, presidente de Unesid, y la directora general, Carola Hermoso, reclamaron una respuesta firme y coordinada por parte de Europa y España para preservar una industria estratégica para la autonomía energética, industrial y tecnológica. Aunque la economía española volvió a liderar el crecimiento de la Unión Europea en 2025, la industria electrointensiva continúa operando en un entorno complejo, afectada por los elevados costes energéticos, la presión de las importaciones y la incertidumbre.
2025 cerró con una evolución moderadamente negativa para el sector siderúrgico español. La producción de acero bruto alcanzó 11,8 millones de toneladas (-0,4%), mientras que el consumo aparente se situó en 13,4 millones de toneladas (-0,5%). Las entregas al mercado descendieron un 1,1%, hasta situarse en 12 millones de toneladas, con unas ventas domésticas estables de 6,4 millones y 3,9 millones, destinadas al mercado europeo. Por su parte, las exportaciones aumentaron un 3,3%, hasta ocho millones de toneladas, impulsadas por el crecimiento de los envíos a la Unión Europea (+6,6%), mientras que las destinadas a terceros países retrocedieron un 5,1%. Las importaciones alcanzaron casi los 10,4 millones de toneladas, de las que 5,5 millones procedieron de otros Estados miembros de la UE y el resto de terceros países, manteniéndose en niveles históricamente elevados.
Unesid reiteró que el coste de la energía continúa siendo uno de los principales factores que limitan la competitividad de la siderurgia española y condicionan tanto las inversiones industriales como los procesos de descarbonización. Así, entre sus prioridades figuran el refuerzo del Estatuto del Consumidor Electrointensivo, el mantenimiento de mecanismos que permitan acceder a electricidad competitiva y el incremento de las compensaciones por costes indirectos de CO₂.

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