“La pregunta no es si vamos a crecer…”
Joseba Madariaga, director de Estudios de Laboral Kutxa
- Joseba Madariaga.
- 17-Julio-2026
Joseba Madariaga, director de Estudios de Laboral Kutxa.
La pregunta para 2026 y 2027 no es si España y Euskadi van a seguir creciendo. Nuestro escenario central es que sí. La pregunta relevante es otra: qué tipo de crecimiento vamos a tener y cuánto margen tendrá ese crecimiento en un entorno que ha mejorado algo, pero que sigue siendo exigente para una economía industrial como la vasca.
La información más reciente obliga a introducir un matiz. Europa ya no ofrece solo señales negativas. La caída del petróleo, la moderación parcial de la inflación y la mejora de algunos indicadores de confianza y actividad apuntan a una cierta estabilización del ciclo europeo. El PMI compuesto de la Eurozona ha mejorado en junio y se sitúa ya en el umbral de expansión. El empleo, además, sigue aguantando mejor de lo previsto. Esto reduce el riesgo de un deterioro brusco de la demanda europea y permite mirar los próximos trimestres con algo más de confianza. Pero alivio no significa normalización. Esa es, probablemente, la idea clave. Alemania empieza a mostrar alguna señal más favorable en consumo y confianza, pero su mercado laboral sigue débil y la industria no termina de recuperar tracción. Francia ha sorprendido positivamente en inflación, pero su actividad industrial continúa siendo frágil. Italia añade, además, ruido político y presupuestario de cara a 2027. La Eurozona mejora, sí, pero sigue siendo un entorno de crecimiento bajo, desigual y todavía poco favorable para las economías más industriales.
España mantiene una posición relativamente favorable dentro de Europa. Prevemos un crecimiento del PIB del 2,3% en 2026 y del 1,9% en 2027. Son tasas inferiores a las de la fase más intensa de recuperación, pero superiores a las previstas para la Eurozona. El empleo sigue funcionando como soporte, los servicios mantienen dinamismo y la demanda interna continúa mostrando más resistencia que en otros países europeos. La menor presión energética también ayuda. El descenso del petróleo reduce el riesgo de un shock de costes más severo y mejora algo la perspectiva de renta real de los hogares. También permite una lectura algo más positiva del crecimiento europeo hacia el final de 2026 y durante 2027. Es una buena noticia para España y también para Euskadi. Pero no conviene sobredimensionarla. Sus efectos no serán automáticos, ni homogéneos, ni suficientes por sí solos para cambiar el diagnóstico de fondo. El escenario es, por tanto, algo menos tenso que hace unos meses, pero no necesariamente cómodo. La inversión no tiene todavía la fuerza que sería deseable. Las exportaciones de bienes siguen condicionadas por la debilidad de nuestros principales mercados europeos. Y la inflación tarda más en normalizarse de lo que esperábamos. España sigue creciendo, pero con más presión sobre la renta real de los hogares, sobre los costes empresariales y sobre las decisiones de inversión.
En Euskadi, el escenario es más prudente. Estimamos un crecimiento del PIB del 1,8% en 2026 y del 1,5% en 2027. La economía vasca cuenta con apoyos claros: empleo, servicios, demanda interna y construcción. No hay señales de una parada brusca de la actividad. Pero la estructura productiva vasca obliga a ser más cautos. La industria, los bienes de equipo, la automoción, el sector exterior y la demanda europea pesan más que en el conjunto de España. Y esos factores, aunque mejoran algo, todavía no ofrecen una ayuda clara. La otra pieza que condiciona casi todo es la inflación. Para 2026 prevemos una tasa media del 3,5% tanto en España como en la CAPV. En 2027 debería moderarse hasta el 2,6%. La mejora reciente de la inflación europea es relevante, pero no resuelve por sí sola el problema. La energía ayuda, pero la inflación subyacente y los servicios siguen siendo lo bastante persistentes como para mantener al Banco Central Europeo en una posición prudente. El mensaje de Lagarde en Sintra va precisamente en esa dirección: no hacen falta respuestas extremas, pero el BCE conserva un sesgo restrictivo. Y eso importa mucho. Si la inflación baja lentamente, la recuperación de poder adquisitivo también será gradual. Si los tipos permanecen altos durante más tiempo, la inversión será más selectiva. Y si la industria europea mejora solo parcialmente, Euskadi crecerá, pero con menos ayuda exterior de la que sería deseable.
Por eso no estamos ante un escenario negativo, pero tampoco ante un escenario sencillo. España seguirá creciendo por encima de la Eurozona. Euskadi también crecerá, aunque algo menos que el conjunto del Estado por su mayor exposición industrial. Mientras el empleo aguante y los servicios mantengan el tono, la economía tendrá base para seguir creciendo. Pero el margen de seguridad será menor que en la fase más expansiva. La clave de 2026 y 2027 estará en la calidad del crecimiento. No bastará con mirar si el PIB avanza unas décimas más o menos. Habrá que observar qué ocurre con la inversión, con la industria, con las exportaciones de bienes, con los costes y con la inflación subyacente. Ahí se jugará buena parte de la solidez del escenario.
Nuestra lectura es sencilla. El entorno ha mejorado respecto al momento de mayor tensión energética y geopolítica. Eso permite mirar 2026 y 2027 con más confianza. Pero no conviene dar por hecho que Europa volverá pronto a ser el viento de cola que fue en otros momentos. Creceremos, sí. Y eso es importante. Pero será un crecimiento con más fricción, más dependiente de la resistencia interna y más exigente para una economía industrial como la vasca.
