“La ingeniería como tarea civil. Sociedad civil, conocimiento y futuro en tiempos de incertidumbre”
José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metropoli 30
- José Antonio Garrido (Anuario 2025)
- 24-Abril-2026
José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metropoli 30.
Vivimos tiempos marcados por la incertidumbre y la polarización, donde, muchas veces, se hace difícil mantener la esperanza en el futuro. Por ello, es bueno recordar que el avance de la humanidad nunca ha dependido únicamente de las decisiones políticas ni de los grandes relatos institucionales. A lo largo de la historia lo que ha permitido a las sociedades sostenerse y avanzar ha sido la acción constante de la sociedad civil. Investigadores, profesionales, empresas, universidades… y ciudadanos que, desde su trabajo cotidiano, han mantenido y mantienen en funcionamiento la vida colectiva.
Desde la sociedad civil no se gobierna, pero se construye. Se organiza la convivencia, se crean estructuras fiables, se cuida lo común y se transmite conocimiento. En ese espacio menos visible, pero decisivo, la ingeniería ha sido y debe seguir siendo, una fuerza indispensable, por su capacidad para ordenar la complejidad y hacer habitable el futuro.
Quizá el verdadero progreso no consista en avanzar más rápido, sino en avanzar con otros. Con respeto, con método y con sentido. Una de las grandes tareas de la sociedad civil contemporánea que ya se está cumpliendo es precisamente esa, crear lenguajes comunes entre disciplinas, tender puentes entre ingenieros, médicos, arquitectos y científicos, y evitar que el conocimiento se fragmente en compartimentos estancos.
La ingeniería nunca ha sido una disciplina aislada. Su verdadera fuerza aparece cuando dialoga con otros saberes y se pone al servicio de necesidades humanas concretas. La relación entre ingeniería y medicina es hoy un ejemplo claro. Detrás de cada avance clínico hay sistemas de diagnóstico, dispositivos, algoritmos, materiales y procesos diseñados por ingenieros. Avances que no solo prolongan la vida, sino que mejoran la calidad y la dignidad con la que esa vida se vive.
Algo similar ocurre con la arquitectura. Mientras ésta piensa el espacio habitable desde la forma, la luz y la relación con la ciudad, la ingeniería hace posible que esos espacios sean seguros, eficientes y sostenibles. Desde el equilibrio entre idea y cálculo, entre estética y estructura, se pueden construir edificios y ciudades pensados para ser vividos.
La tradición industrial vasca ha sido históricamente un ejemplo de esta cultura cívica: comunidades organizadas en torno al trabajo bien hecho, al aprendizaje compartido y a la mejora constante. Y esa herencia sigue viva hoy en empresas, ingeniería, cooperativas y centros tecnológicos que actúan como auténticas instituciones civiles. El esfuerzo, el aprendizaje continuo y el compromiso no son valores abstractos, debieran ser prácticas cotidianas que sostengan una sociedad civil activa. Porque esto es lo que hace que el mundo se mueva, que la humanidad avance.
Crear futuro no es imponer la lógica del corto plazo, ni fijar objetivos, velocidades o soluciones, sin atender al contexto, a las personas y a las consecuencias. Por el contrario, es cuidar los marcos compartidos, pensar en el largo plazo, en quienes vienen después y mantener la coherencia entre lo que se hace y para qué se hace.
Como recordaba el ingeniero y pensador Ove Arup, “la ingeniería no trata solo de hacer cosas que funcionen, sino de hacer cosas que merezcan la pena que existan”. En ese cuidado del mundo común, la ingeniería encuentra su dimensión más profunda y más civil.

