“Aprender no es consumir contenidos, deje de comprar cursos”

Jon Aldazabal, Mondragon Unibertsitatea

Jon Aldazabal, Mondragon Unibertsitatea

Nunca hemos tenido tanto acceso a cursos, plataformas, vídeos y contenidos. Sin embargo, disponer de más formación no significa aprender mejor. Y mucho menos transformar la manera de trabajar. Durante años hemos entendido la formación continua como una suma de cursos: se detecta una necesidad, se contrata un programa, se imparte y se evalúa la satisfacción. ¿El problema? Que una persona puede terminar satisfecha y volver al día siguiente a hacer exactamente lo mismo. La cuestión no es cuánta formación ofrecemos, sino qué cambia después de ella. 

La evidencia sobre aprendizaje resulta bastante clara. Escuchar explicaciones, releer materiales o consumir contenidos de forma pasiva genera una sensación de dominio que, con frecuencia, resulta engañosa. Aprendemos mejor cuando recuperamos lo aprendido, practicamos, recibimos feedback, distribuimos el esfuerzo en el tiempo y aplicamos el conocimiento en contextos distintos. También cuando trabajamos sobre problemas relevantes, conectados con nuestra experiencia y con decisiones reales.

¿Entonces? Pues que hace falta cambiar el enfoque. En lugar de diseñar programas alrededor de contenidos, convendría hacerlo alrededor de retos profesionales. No comenzar preguntando qué curso podemos ofrecer, sino qué problema necesita resolver una organización, qué práctica debe modificar un equipo o qué capacidades requiere un determinado perfil. Desde esta lógica, lo presencial, lo online y lo híbrido dejan de ser alternativas enfrentadas. La tecnología no es el modelo pedagógico. Es una capa que permite flexibilidad, modularidad, acceso y continuidad. Un vídeo puede servir para adquirir una base común; una sesión con expertos, para contrastar criterios; una comunidad profesional, para compartir prácticas; y un proyecto real, para transferir lo aprendido al puesto. 

El problema es utilizar un martillo para batir huevos. Es por ello que las nuevas vías de formación deberán combinar módulos breves, itinerarios personalizados, comunidades de aprendizaje, acompañamiento y proyectos aplicados. Pero ojo, que el valor no estará en acumular formatos novedosos, sino en conectarlos mediante una arquitectura coherente y orientarlos hacia resultados observables. Para sobrevivir, personas y organizaciones deben aprender, al menos, con la misma rapidez con la que cambia su entorno. En Mondragon Unibertsitatea tenemos claro que eso no se consigue ampliando indefinidamente el catálogo, sino convirtiendo el trabajo en espacio de aprendizaje y la formación en parte de los procesos reales de mejora. Total, que el futuro de la formación continua no consiste en ofrecer más cursos. El asunto consiste en conseguir que las personas piensen, decidan y actúen de otra manera.

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