El contexto económico cambió de forma permanente en 2020. No se trata sólo de los efectos directos de la pandemia, sino que también se aceleraron cambios muy profundos que ya estaban en marcha y que, en otro entorno, se hubieran producido de manera más lenta. Entre otras cuestiones, por ejemplo, el entorno laboral es ahora más incierto, la confianza de las familias es más reducida o la estructura productiva se ha vuelto más ágil, con aquellas empresas que no se mantienen lo bastante dinámicas cayendo en fuera de juego. En conjunto, se puede decir que la fragilidad de los ingresos individuales y familiares ha aumentado. Eso ha llevado a camb
Javier Olías
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