“Más dinamismo inversor del que reflejan las estadísticas”

Mikel Mendiola, socio director de Lawesome

Mikel Mendiola, socio director de Lawesome

Si uno se limita a las cifras de inversión extranjera, Euskadi puede parecer un territorio con poca actividad inversora. Sin embargo, quienes participamos a diario en operaciones corporativas vemos una realidad más dinámica.

No es una contradicción. La inversión extranjera es un indicador relevante, pero no mide toda la actividad inversora de un territorio. Y el mercado de fusiones y adquisiciones es buena prueba de ello: aunque los datos agregados transmiten cierta ralentización, nuestra experiencia en Lawesome muestra una actividad intensa desde hace varios años, y especialmente durante 2026.

Menor inversión extranjera no significa necesariamente menor inversión. En más de la mitad de las operaciones en las que hemos participado este año, el comprador era vasco. Y esa tendencia no se limita a las grandes transacciones que copan titulares en las páginas de color salmón: también se reproduce en operaciones de menor tamaño.

Cada vez vemos más grupos industriales y empresas familiares que incorporan las adquisiciones como una vía natural de crecimiento. Comprar otra compañía permite ganar dimensión, acceder a nuevos mercados, incorporar capacidades o tecnología y diversificar negocios.

A ello se suma una realidad especialmente relevante en Euskadi: el problema de la sucesión empresarial. Muchas pymes industriales afrontan el relevo sin una nueva generación familiar dispuesta a continuar el proyecto, ni equipos internos capaces o interesados en asumir la propiedad. En esos casos, la entrada de otro grupo empresarial o de un inversor puede garantizar la continuidad de la empresa y preservar el empleo y el conocimiento acumulado durante décadas.

Al mismo tiempo, Euskadi cuenta hoy con un ecosistema inversor más desarrollado. Incluye fondos de capital riesgo y de crecimiento y family offices vinculados a grupos industriales. A ellos se suman iniciativas público-privadas orientadas a movilizar capital, aumentar el tamaño de nuestras empresas y mantener su arraigo.

La combinación de estos factores explica parte de la actividad que estamos viendo. De un lado, compañías que necesitan encontrar continuidad o que quieren  (y en algunos casos necesitan) ganar tamaño para seguir siendo competitivas. Enfrente, grupos empresariales e inversores con capacidad y voluntad de adquirirlas y acompañar su crecimiento.

No todo invita al optimismo. El acceso a la financiación, las diferencias de valoración, la incertidumbre regulatoria, la dificultad para incorporar determinados perfiles o factores como el absentismo pueden frenar operaciones.

Aun así, vemos motivos para la confianza. Hay capital, hay compradores y las empresas entienden cada vez más las adquisiciones como una forma natural de crecer. Por eso, más allá de lo que digan las cifras de inversión extranjera, la conclusión desde dentro es clara: en Euskadi hay movimiento en fusiones y adquisiciones. Lo hay en operaciones entre empresas vascas, protagonizadas por compradores e inversores de aquí, y lo hay en el mercado en general. Y todo apunta a que va a seguir habiéndolo.

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