En muchas plantas industriales de Euskadi, la inteligencia artificial ya inspecciona superficies en busca de defectos: microfisuras, irregularidades, imperfecciones que escapan al ojo humano. Sobre el papel, es uno de los casos de uso más maduros de la Industria 4.0. En la práctica, también es uno de los que mejor evidencia sus limitaciones. Porque el problema no suele estar en el arranque. Los modelos de visión artificial alcanzan niveles de precisión elevados en fases iniciales. El reto aparece después, cuando cambian las condiciones reales: variaciones en materiales, nuevos proveedores, ajustes en maquinaria o incluso diferencias en la il
